Quizás más de uno de nosotr@s hemos oído expresiones como: «no se quiere nada», «siempre quiere lo que tiene el otro», «no ve las cosas buenas que tiene», incluso nosotr@s mismos nos hemos visto como personas horrorosas e indignas de afecto alguna vez en nuestra vida. A veces, hemos podido preguntamos por qué nos pasa esta situación tan desagradable a nosotros, por qué a menudo nuestros amigos nos traicionan, por qué elegimos parejas que no nos tratan como nos gustaría, por qué los demás son capaces de alcanzar algunos de sus sueños y nosotr@s no.

Esto tiene que ver con cómo nosotr@s nos vemos a nosotr@s mismos, cómo de competentes nos vemos para desarrollar diferentes habilidades o actitudes que consideramos valiosas. Pero…¿por qué hay gente que tiene la autoestima alta y otros que poseen más actitudes no se consideran capaces?

Nuestro aprendizaje desde la infancia marca el crecimiento de la visión sobre nosotr@s mismos. En los primeros años de vida, son las palabras de nuestros cuidadores principales los que marcadamente influyen en nuestro diálogo interno para conformar nuestra imagen de nosotros mismo, nuestro autoconcepto. De manera intrínseca nuestras experiencias y refuerzos de nuestro contexto van guiando como tratarnos; aunque a veces no sea de la forma más saludable posible.

Traumas, abusos de nuestros compañeros, asignaturas que no aprobamos, falta de validación y escucha por nuestros cuidadores, maltrato físico o psicológico, profesores que no valoran nuestros logros y capacidades y sí señalan de manera reiterada nuestros errores; pueden transformarse en una mochila de piedras para nuestro autoconcepto y autoestima. Por lo anterior comentado, es importante reescribir esas experiencias, focalizando en el aprendizaje de los eventos, en el crecimiento como persona y entendiendo la responsabilidad que nos corresponde.

Cuando somo niños especialmente, somos más vulnerables a cómo nos evalúan o tratan en nuestro contexto ya que aún no poseemos esa capacidad de reflexión metacognitiva y desarrollada, ni tenemos forjado nuestro cerebro e identidad. Las expresiones que conllevan comparación, los deberías, etiquetar de manera despectiva, negar la realidad de un evento, no aceptar y escuchar las emociones del niño, así como sobreproteger y por consiguiente, limitar la formación de la confianza en sí mismo mediante sus propias experiencias, pueden dificultar la creación de un autoconcepto y autoestima saludable en el niño y en el adulto.

En el adulto, un niño evolucionado, por lo general se van siguiendo los patrones aprendidos por contexto cultural, aprendizaje vicario y/o condicionamiento. El diálogo interno de cada persona y las representaciones internas de sus cualidades, registradas a través de la valoración de sus experiencias, va determinando quién es, qué puede hacer, en qué situaciones se siente capaz de actuar, y por consiguiente, qué retos decide asumir.

Los patrones de pensamiento aprendidos en el pasado nos influyen pero no son determinantes en nuestra valoración personal en el presente. A menudo nuestro diálogo interno se presenta de manera automática e inconsciente, lo que implica que nos sigue influyendo en variados aspectos de nuestro comportamiento y autoestima. 

Por ello, es importante volver a adquirir nuevos hábitos de pensamientos, de autocuidado y de valoración propia. Mediante el ejercicio continuado de focalización en nuestras cualidades, en el desarrollo de nuestras capacidades, en las experiencias satisfactorias que reflejan comportamientos en coherencia con nuestros valores, con el ideal de persona que nos gustaría ser y, a la vez, con la aceptación de la persona que ya somos.

Y claro, la perfección es utópica e inalcanzable, por muchos años y experiencias que tengamos, es humano y lógico que a menudo cometamos «errores» o no actuemos según nuestro ideal. Porque no somos seres divinos, ni ideales, ni robots; no todos los días estamos igual de despejados mentalmente, ni poseemos las herramientas para desarrollar una actividad.

¿Qué hacer con nuestras experiencias traumáticas, metas frustradas , con los menosprecios recibidos, con las emociones no validadas, con la falta de cariño y refuerzo de nuestro contexto…?

No hay experiencia que no puedas usar en tu propio beneficio, para tu propio aprendizaje y crecimiento. Y ahí está la clave, en resaltar lo aprendido de nuestras experiencias desagradables y considerar de manera compasiva que somos seres imperfectos en infinito desarrollo. Si algo no nos sale como proyectamos que nos gustaría; significa que podemos aprender mucho de eso, pudiendo desarrollar o reforzar nuevas habilidades. Así potenciaremos una autoestima positiva, al centrarnos en las características personales constructivas y positivas que nos van acercando a cumplir nuestras metas. Y así poco a poco, y disfrutando del camino; seguir acercándonos hacia ese ideal, sin perder de vista que quienes somos ahora: «la mejor versión de nosotros mismos».

No somos los logros que conseguimos, desde que nacemos somos personas especiales y dignas de toda la consideración y aprecio. ¿Te acuerdas de esa sensación de sentirte maravilloso solo con ser tú?

¿Tienes presentes tus cualidades?

¿Qué desafíos y objetivos has conseguido?

¿Gracias a qué cualidades los has conseguido?

¿Qué cualidades te gustaría desarrollar?

¿Qué herramientas personales y/o contextuales posees para desarrollarlas?

Os deseo todo el amor propio y genuino del mundo.

🙂

psicologo las palmas
"Ningún mar en calma hizo experto a un marinero"