Es humano, sano y adaptativo sentir enfado. Como cualquier otra emoción nos informa sobre lo importante para nosotr@s, nos informa de que algún aspecto de nuestra vida o valor personal está en peligro. Esta nos señala qué es valioso para nosotr@s, qué nos importa defender para así activar la toma de decisiones, para así activarnos hacia la acción en nuestra autoprotección. Suele aparecer ante circunstancias interpretadas como peligrosas para nuestra estabilidad afectiva, emocional, física, económica, cultural y social.

Ante circunstancias la probabilidad de pérdida de esa seguridad, nuestro complejo sistema nervioso nos prepara para luchar y recuperar o mantener lo que para nosotros es importante. Ante eventos que provocan una gran intensidad de ira, a grandes rasgos se producen los siguientes cambios corporales:

-Aumento de la frecuencia cardiaca.

-Aumento de los niveles de testosterona.

-Aumento de la tensión arterial.

-Aumento de la tensión muscular.

-Disminución del cortisol.

Según la OMS, la IRA se convierte en un problema cuando existe un DESAJUSTE entre el motivo que la origina y la PROPORCIONALIDAD de la RESPUESTA EMOCIONAL.

Es decir, sentir y expresar la ira no es desencadenante de problemas emocionales y sociales a priori; sí lo puede ser expresarla mediante conductas agresivas, con alta intensidad y ante situaciones solucionables mediante conductas más prosociales, autocontroladas, asertivas y coherentes con nuestros objetivos personales y contextuales.

¿Cómo sueles responder ante el enfado?

A)¿Lo evitas o reprimes para disminuir posibles conflictos con tu contexto?, ¿no le das importancia a lo que te molesta o desagrada?.

B)¿Te dejas llevar por el malestar que te provoca?, ¿das rienda suelta a la ira expresando sin control lo que quieres y te molesta?, ¿gritas, expresas agresividad sutil o explícita, tiras objetos o pegas golpes?.

C)¿Lo aceptas, sientes, observas y expresas de forma autocontrolada y asertiva?, ¿le das su espacio para entenderlo y entender qué acción tomar?, ¿actúas en coherencia al significado personal que esconde?.

Si te sientes identificad@ con el apartado A, es posible que te sientas como poca autoestima y que a menudo te sientes arrastrada a hacer lo que los demás quieren. Es posible que a veces te sientas triste o frustrada por no conseguir tus objetivos o/y por no saber poner límites. Quizás sientas que no controlas tu vida y en ocasiones, explotes de manera desproporcionada a las circunstancias, con un torrente muy intenso de enfado y agresividad ante situaciones de bajo desagrado para ti. Y es que estás dejando de escuchar lo que tus emociones te están señalando, estás evitando actuar en coherencia con tus valores y persona. Estás poniéndote en segundo o tercer lugar; priorizando a otros o la preferencia por la ausencia de conflicto. Si lo sientes es porque es importante para ti, para tu vida y es saludable darle su lugar y atender esa emoción e integrar ese malestar. Una vez que lo escuchas, puedes decidir qué conducta tomar, defender tus necesidades, poner límites a las personas de tu entorno y en consecuencia, cuidar quién eres, tus objetivos de vida y tu autoestima. Y es que, cuando las emociones no se escuchan y se sienten, dándoles su espacio, se acumulan en forma de tensión, de limitaciones personales, de baja autoestima y pueden resurgir de manera explosiva y desproporcionada en el momento menos esperado.

Si te sientes identificad@ con el apartado B, es posible que sientas mucha tensión corporal, gran intensidad de tu ira que percibes como incontrolable y te es difícil de entender y gestionar. Quizás sientes que hasta que no des golpes, chillas o explotas no puedes deshacerte de ese malestar y de la tensión corporal, así como, quizás no eres capaz de pensar de forma coherente, ni pensar sobre las consecuencias de tu reacción agresiva. He de decirte que la emoción de IRA, crea sensaciones físicas de empoderamiento y puede «enganchar». A veces, podemos acostumbrarnos a funcionar desde ella, sin evaluar si nos conviene o si podremos hacer daño a alguien o a algún proyecto personal. ¿Y por qué puede volverse una conducta automática y placentera? pues porque la descarga tensional, física y la liberación emocional que produce gritar, insultar, golpear puede actuar como reforzador de nuestra actitud. Esto, de manera inconsciente o consciente, nos hace creer que esa conducta es «buena» ya que parece aliviar el malestar de forma inmediata. Y claro,  ¿a quién no le apetece estar la mayor parte del tiempo relajado?.

El problema es, cuando al rato o al día siguiente, nos vienen «las madres mías», cuándo somos conscientes de haber herido a alguien a quién queremos, de haber destrozado un proyecto importante para nosotros o simplemente, nos damos cuenta que nos desagrada comportarnos así; y es cuándo nos sentimos abatidos, tristes y arrepentidos. Esta falta de control en la gestión de la ira, también nos puede hacer sentir poco capaces o con poca autoestima. Y es que ¿cómo vamos a estar contentos si hemos actuado de manera contraria a nuestros valores y objetivos de vida?. 

Por último, si te sientes más identificada con el apartado C, seguramente te sientas con paz mental y en coherencia con tus valores y objetivos de vida. Seguramente, has tomado decisiones que te guían hacia tus metas y has aprendido a identificar qué quieres y a poner límites que defiendan tus intereses y necesidades emocionales, físicas, económicas y sociales. Y es que, te has puesto en valor y te has hecho responsable de tus emociones y así has podido tomar decisiones coherentes con la persona especial y diferente que eres. Y además, esa capacidad de autocontrol y poder de gestión emocional, es posible que refuerce tu autoestima y seguramente te de seguridad en tus capacidades, teniendo en cuenta que estás avanzando hacia dónde tú has decidido ir.

¿Cómo decides tratar y gestionar tu ira?

Psicóloga Natalia Rubio Díaz.